PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
INVOCACIÓN
INICIAL
V. Dios
mío, ven en mi auxilio
R.
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
Como era
en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
EXAMEN
DE CONCIENCIA
Hermanos,
habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido,
reconozcamos sinceramente nuestros pecados.
Yo
confieso ante Dios todopoderoso
y ante
vosotros, hermanos,
que he
pecado mucho
de
pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi
culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso
ruego a santa María, siempre Virgen,
a los
ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que
intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.
V. El
Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y
nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
SE
ENCIENDE LA PRIMERA VELA MORADA
Se
enciende la primera vela, que es la vela del arrepentimiento. El color de la
vela nos recuerda que es un tiempo de penitencia, de conversión.
Se
realiza esta oración:
La
tierra, Señor, se alegra en estos días,
y tu
Iglesia desborda de gozo
ante tu
Hijo, el Señor Jesús,
que se
avecina como luz esplendorosa,
para
iluminar a los que yacemos en las tinieblas,
de la
ignorancia, del dolor y del pecado.
Lleno de
esperanza en su venida,
tu
pueblo ha preparado esta corona
con
ramos del bosque y la ha adornado con luces.
Ahora,
pues, que vamos a empezar
el
tiempo de preparación
para la
venida de tu Hijo,
te
pedimos, Señor,
que,
mientras se acrecienta cada día
el
esplendor de esta corona, con nuevas luces,
a
nosotros nos ilumines
con el
esplendor de Aquel que,
por ser
la Luz del mundo,
iluminará
todas las oscuridades.
Te lo
pedimos por Él mismo
que vive
y reina por los siglos de los siglos.
MEDITACIÓN.
Al terminar la oración gurdamos silencio y pensamos en que debemos cambiar, en
que estamos fallando y que debemos hacer para salir de esos errores
Al
terminar la meditación realizamos el
Padre Nuestro, Ave María y el Gloria.
SE
REALIZA LAS LECTURAS DEL DIA DOMINGO
Del libro del profeta Isaías: 63, 16-17. 19; 64, 2-7
Tú, Señor, eres nuestro padre y nuestro redentor; ése es tu nombre desde siempre. ¿Por qué, Señor, nos has permitido alejarnos de tus mandamientos y dejas endurecer nuestro corazón hasta el punto de no temerte? Vuélvete, por amor a tus siervos, a las tribus que son tu heredad. Ojalá rasgaras los cielos y bajaras, estremeciendo las montañas con tu presencia.
Descendiste y los montes se estremecieron con tu presencia. Jamás se oyó decir, ni nadie vio jamás que otro Dios, fuera de ti, hiciera tales cosas en favor de los que esperan en él. Tú sales al encuentro del que practica alegremente la justicia y no pierde de vista tus mandamientos.
Estabas airado porque nosotros pecábamos y te éramos siempre rebeldes. Todos éramos impuros y nuestra justicia era como trapo asqueroso; todos estábamos marchitos, como las hojas, y nuestras culpas nos arrebataban, como el viento.
Nadie invocaba tu nombre, nadie se levantaba para refugiarse en ti, porque nos ocultabas tu rostro y nos dejabas a merced de nuestras culpas. Sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre; nosotros somos el barro y tú el alfarero; todos somos hechura de tus manos. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 79, 2ac y 3b.
R/. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Escúchanos, pastor de Israel; tú, que estás rodeado de querubines, manifiéstate, despierta tu poder y ven a salvarnos. R/.
Señor, Dios de los ejércitos, vuelve tus ojos, mira tu viña y visítala; protege la cepa plantada por tu mano, el renuevo que tú mismo cultivaste. R/.
Que tu diestra defienda al que elegiste, al hombre que has fortalecido. Ya no nos alejaremos de ti; consérvanos la vida y alabaremos tu poder. R/.
SEGUNDA LECTURA
Esperamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 1, 3-9
Hermanos: Les deseo la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Cristo Jesús, el Señor.
Continuamente agradezco a mi Dios los dones divinos que les ha concedido a ustedes por medio de Cristo Jesús, ya que por él los ha enriquecido con abundancia en todo lo que se refiere a la palabra y al conocimiento; porque el testimonio que damos de Cristo ha sido confirmado en ustedes a tal grado, que no carecen de ningún don, ustedes, los que esperan la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Él los hará permanecer irreprochables hasta el fin, hasta el día de su advenimiento. Dios es quien los ha amado a la unión con su Hijo Jesucristo, y Dios es fiel. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Sal 84, 8
R/. Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. R/.
EVANGELIO
Velen, pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa.
Del santo Evangelio según san Marcos: 13, 33-37
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Velen y estén preparados, porque no saben cuándo llegará el momento. Así como un hombre que se va de viaje, deja su casa y encomienda a cada quien lo que debe hacer y encarga al portero que esté velando, así también velen ustedes, pues no saben a qué hora va a regresar el dueño de la casa: si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la madrugada.
No vaya a suceder que llegue de repente y los halle durmiendo. Lo que les digo a ustedes, lo digo para todos: permanezcan alerta". Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice Credo.
AL
TERMINAR LAS LECTURAS SE REALIZA UNA REFLEXIÓN SOBRE LAS ENSEÑANZAS
PLEGARIA
UNIVERSAL
Oremos,
hermanos, al Señor y pidámosle confiadamente que despierte su poder y venga a
salvarnos. Digamos confiadamente: Ven Señor Jesús. (R/. Ven Señor Jesús.)
Para que
los fieles despierten del sueño de sus indolencias y reciban con alegría la
salvación que se acerca, roguemos al Señor.
Para que
se afiance la paz en el mundo, y las riquezas de la creación se transformen en
instrumento de progreso y bienestar para todos los hombres, roguemos al Señor.
Para que
el Señor, con su venida, alivie los dolores de los enfermos, dé paz y alegría a
los que sufren en su espíritu y libre al mundo de sus males, roguemos al Señor.
Para que
nosotros mismos vivamos siempre alerta sin que las preocupaciones de la vida
nos impidan mantenemos en pie cuando llegue el Hijo del hombre, roguemos al
Señor.
SE HACE
LA PETICIÓN PERSONAL
ORACIÓN
FINAL
Dios
misericordioso, que enviaste a tu Hijo al mundo para que nos instruyera en tus
caminos, anduviéramos por tus sendas y todas las naciones se reunieran en la
montaña santa de tu reino, escucha nuestra oración y despierta en nosotros un
deseo tan vivo de tu venida, que, avanzando por la senda de tus mandatos,
lleguemos a contemplar en tu gloria al que ha de venir, Jesucristo nuestro
Señor. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Al
terminar realizamos el Padre
Nuestro, Ave María y el Gloria.
SE
TERMINA EL TIEMPO DE ORACIÓN COLOCANDO VILLANCICOS Y DISFRUTANDO DE UNA APERITIVO
EN HONOR AL SEÑOR QUE NOS ALIMENTA CON SU PALABRA